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Presagio de la brutalidad reinante (gobernante)

La brutal represión policial en los Talleres Protegidos del Hospital Borda fueron una advertencia del desguace que llevarían adelante como gobierno nacional de la mano de la política represiva más sangrienta de los últimos años. Hoy, a seis años de aquella aberración, es inminente tomarse un tiempo y reflexionar. Para esto invitamos a leer el texto de Carlos Girotti.

Policía Pedace = Macri+Larreta+Vidal

Aquel día, más de 400 efectivos de la entonces Policía Metropolitana, bajo el mando operativo del subjefe de esa fuerza, comisario Ricardo Pedace, y monitoreada “en vivo y en directo” por el superior de éste, Horacio Giménez, ejecutó a mansalva la orden de reprimir a los trabajadores de los Talleres Protegidos. En esa vereda opuesta, la de los trabajadores y trabajadoras, una figura resumía el clamor y la resistencia contra la operación inmobiliaria que, por orden del jefe de gobierno de la ciudad, Mauricio Macri, procuraba liquidar a los Talleres: Marcelo “Nono” Frondizi, ya por entonces legendario dirigente de ATE y la CTA.

Aún hoy, las imágenes de aquella represión conectan a cualquier espectador con la sombra ominosa del terrorismo de Estado. Es preciso ver una a una las caras de esos esbirros para comprender que la saña desplegada no podía explicarse de ningún otro modo que no fuera por la vía del revanchismo de clase que, a partir del 10 de diciembre de 2015, aplicarían ya sin disfraz alguno. Los camarógrafos y fotógrafos registraron –al precio de su propia integridad física- la rapidez con la que esas bestias recargaban sus escopetas de perdigones y disparaban a menos de diez metros contra los indefensos cuerpos que buscaban cerrarles el paso.

El blanco de aquellos centenares de disparos –salvajemente sazonados con gas pimienta- eran las trabajadoras y trabajadores de la salud de todos los institutos vecinos al Hospital Borda que habían acudido en solidaridad con Talleres Protegidos; eran también pacientes y familiares de estos que allí estaban para visitarlos; eran delegadas y delegados de numerosos sectores afiliados a ATE Capital que, sin dudar un instante, llegaron corriendo para amucharse detrás del Nono Frondizi y de sus compañeros que resistían unidos a todos los trabajadores del Borda representados en la figura de Juan Carlos Ibarra. Y que conste para la memoria histórica de nuestra clase: a ninguno de estos blancos móviles le importó anteponer el color de su tendencia o agrupación sindical al deber ineludible de solidarizarse activamente con sus hermanas y hermanos de Talleres Protegidos. No por acaso, fue al calor de esa lucha, tan desigual como heroica, que ciertos lazos de unidad se soldaron para constituir lo que llegaría a ser la actual Agrupación Verde y Blanca de ATE.

Mauricio Macri, Horacio Rodríguez Larreta y María Eugenia Vidal, a pesar de que fueron absueltos de culpa y cargo por aquella represión –verdadero anticipo de lo que el aparato de Justicia haría bajo el gobierno que ellos encabezan desde diciembre de 2015- no podrán sacarse de encima el sayo de masacradores de la protesta social. Otro tanto ocurrió con el verdugo Pedace, a quien el tribunal lo consideró inocente de cualquier culpa. Sin embargo, los jueces de Casación acaban de revocar esa sentencia a instancias de la querella originada en quienes hoy dirigen el Consejo Directivo de ATE Capital, y que oportunamente impugnara los argumentos para la exculpación del comisario.

A seis años de aquellos sucesos, el ejemplo y la memoria del Nono parecieran adquirir nuevas facetas. No hay posibilidad de enfrentar con éxito la salvajada neoliberal que no sea deponiendo toda y cualquier mirada sectaria. La mancomunión de los esfuerzos, potenciados en el gesto fraterno y desinteresado de acudir allí donde nuestros hermanos y hermanas de clase se la juegan frente a la represión, es el santo y seña para constituir la conducción orgánica de toda la resistencia. De poco y nada pueden valer las pretensiones de conducir si antes no se reclama un puesto en la primera línea de confrontación.

Con su prédica, pero sobre todo con aquella actitud de poner siempre el pecho por delante de las ideas, Marcelo Frondizi nos dejó un legado que, en estas críticas horas que nuestro pueblo vive, se convierte en una bandera irrenunciable para todas y todos los estatales: no cejaremos, resistiremos y venceremos porque la unidad sigue siendo el camino.-

 

Por Carlos Girotti: delegado ATE Conicet. Secretario de
Comunicación CTA

Foto: Infobae

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