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No nos roben la revolución

Si existe un significante que resuma las luchas políticas del siglo xx, este es el de “REVOLUCION”. Su significado, en el sentido amplísimo, es harto conocido por gran parte de la sociedad, pero no siempre fue esgrimido con la misma seriedad. La palabra revolución perdió su peso histórico y su importancia y fue prostituida en demasía por un gobierno que no la representa en lo mas minimo. Esto plantea la necesidad de retomar la importancia histórica de estas banderas para dar la batalla contra el neoliberalismo desde lo cultural.

La revolución, tal como se la concibe a partir de la obra de Marx, Engels y Lenin, tiene un profundo significado de lucha y compromiso de un pueblo oprimido para ponerse al hombro la ardua tarea de ir en contra de las estructuras que sostienen al capitalismo para dar lugar a una organización que sea capaz de abolir las desigualdades y la explotación. El sustento teorico que movilizó estas luchas durante gran parte del siglo xx, el materialismo dialectico, es claro y original. Este fue el método que utilizo Marx para fundamentar filosóficamente la inevitabilidad del socialismo como sucesor del difunto capitalismo. Era solo cuestión de tiempo para que el sujeto histórico revolucionario, el proletariado, los trabajadores, tomen el poder para romper con la dominación de una clase social sobre otras y para marcar el “fin de la explotación del hombre por el hombre”.

El surgimiento de la Revolucion Rusa se interpretó como el posible puntapié inicial para el esparcimiento del comunismo a lo largo del mundo, algo que distó mucho de ocurrir. Los especialistas marcan como critica importante a la gesta rusa la idea de que Marx establecio a la revolución socialista como un proceso que debía surgir del seno mismo del desarrollo capitalista, del lugar donde mas se profundicen las contradicciones que iban a llevar a la caída de este regimen, es decir, hablaba específicamente de Inglaterra. Personalmente comparto a medias esta afirmación ya que creo que lo que verdaderamente impidió el desarrollo del comunismo fue, por un lado su inevitable problema para organizar la economía y su tendencia a convertirse en un totalitarismo peligroso, y por el otro, el surgimiento de los estados de bienestar como respuesta a la crisis mundial de 1929-1933.

En Argentina, dicho Estado de Bienestar se consolida en 1946 con la llegada de Juan Domingo Peron a la presidencia. El gobierno peronista provocó en los partidarios locales del socialismo una idea muy parecida a la que tenia Engels acerca del proletariado ingles a fines del siglo xix. Engels decía en una carta al filosofo marxista Karl Kautsky: “Me pregunta usted qué piensan los obreros ingleses de la política colonial. Pues lo mismo que de la política en general; lo mismo que piensan los burgueses.” Esto significa que ante las ventajas económicas del desarrollo de un capitalismo redistributivo con base en el consumo popular y en la reivindicación de los derechos laborales, al obrero se le dificultaba pensar como revolucionario y comprender el funcionamiento explotador de un sistema que se basaba en su alienación y explotación.

La idea que planteamos aquí es la de refutar a los teóricos socialistas locales, planteando que lo importante es resignificar los significantes, como el de “revolución”, para cada momento histórico, de matizarlo para hacerlo posible, de aunarlo a un proyecto político que permita su instrumentacion. Si la discusión se mantiene en lo estrictamente idealista, sin platear la realidad política como algo alejado del deber ser, se hace imposible influir en la agenda publica para poder redefinirla (gran problema de la izquierda troskista argentina).

Es por esto que en el siglo xxi, con los avances del capitalismo financiero y los discursos neoliberales, se debe volver a armar un espectro de acción política revolucionaria que nos permita discutir la hegemonía que quiere marcar el Macrismo en la Argentina como representante del neoliberalismo a nivel global. La idea que los mueve es la de destruir todo el capital simbolico en los que se fundan los proyectos de emancipación política como los encabezados por el kirchnerismo. Ante esto, nuestra peor acción seria no comprender que la política cambió, sobre todo a fuerza de la complicidad mediatico-judicial que sostiene a la derecha argentina, por lo cual debemos replantear cuales son nuestras banderas, como pretendemos diferenciarnos de este gobierno sin que nos marque agenda, pero también sin que perdamos la relación con la durísima realidad social.

La multitudinaria convocatoria que se vio en Plaza de Mayo el pasado 24 de Marzo fue una clara demostración de cual puede ser el significante que una nuestra lucha contra el discurso neoliberal. Articular la militancia política con lo que significa para los argentinos el “Dia de la memoria, la verdad y la justicia” no es hacer uso político de una fecha histórica. O mas bien, es hacer uso politico de una fecha que aglutina al grueso del pueblo argentino, pero esto no significa en ningún sentido algo negativo ni demagógico. La movilización masiva es en si misma una expresión política y la inusual convocatoria sirvió de termómetro para representar a una gran parte de la población que acudió tanto para repudiar la dictadura genocida de Videla y cia. , como para manifestarse en contra de un gobierno que pretende borrar de la memoria colectiva los años de lucha y violencia política, para fomentar su intento de establecer el comienzo de la historia argentina en el año 2003.

La revolución marxista se presenta imposible, por lo cual debe intentar sostenerse un proyecto emancipatorio que pueda tener perspectivas de disputarle la hegemonía a las clases dominantes. Esto le quedo muy claro la militancia de los 70 cuando hablaba de “socialismo nacional” o “patria socialista” para acoplar los espiritus revolucionarios al movimiento de masas mas importante de Latinoamerica. Y es de esta manera como deberíamos aunar la realidad a la ideología que nos mueve, comprendiendo a la militancia politica no como una actividad marginal llevada a cabo por jóvenes idealistas, sino como la forma de defender e imponer un proyecto político propio e independiente.

Es menester discutirle todo al Macrismo, sobre todo la apropiación obscena que hicieron del significante “revolución” vaciándolo de contenido ya que saben que la verdadera batalla esta en lo cultural y no existe mejor estrategia que dejar al enemigo sin una bandera que pueda fomentar su acción política. El gobierno de Macri dista mucho de ser una “revolución de la alegría” y es mas bien una restauración conservadora de la derecha que solo le trajo miseria y tristeza al pueblo argentino. Ante esto, comparto profundamente lo dicho por el psicoanalista y pensador de la izquierda lacaniana Jorge Aleman para plantear cual es la coyuntura del frente nacional y popular en esta realidad. Aleman dice que si “el peronismo no es de izquierda, no me interesa.”, dejando en claro que debemos luchar contra la tendencia de concebir al peronismo, gran opositor de este gobierno, como un movimiento que puede en esta realidad plantear su proyecto político desde la derecha. Queda así, como única opción alternativa, sostener su versión de izquierda, es decir, sostener al kirchnerismo. Esto significa, que si no somos capaces de instrumentar una salida nacional, popular y democrática al proyecto macrista es posible que terminemos consiguiendo más neoliberalismo en el gobierno pero con otro partido, que muy probablemente sea el propio peronismo.

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