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Lula y la miseria como sentido común

Lula saliendo de la correccional para asistir al velorio de su nieto recorrió el globo y resignificó la idea de persecución política, un clima de época en América Latina. La postal alcanza por sí sola para notar la crueldad de los regímenes conservadores que se han instalado en muchos de nuestros países. Sin embargo no es más que un síntoma que deja al descubierto la miseria que se ha apoderado del sentido común en gran parte de nuestros pueblos.

Para quienes vivimos en Argentina, lo sucedido en Brasil, debe ser una alarma.

Han bloqueado la empatía por el otro, esa fue la estrategia, desde 2011 por lo menos, tiempo marcado por la victoria de la ex presidenta con un abrumador 54%. Desde aquel año, sembraron odio, dudas y construyeron las condiciones de desprestigio de la política que logró coronar a Mauricio Macri luego del ballotage en 2015, dio resultado y hoy se deja ver entre persianas que la estrategia no será diferente.

Para quienes nos paramos del otro lado del régimen conservador, se acuñó  el lema “La Patria es el otro, al odio se lo vence con amor”. ¿Qué resultados obtuvimos? Sin dudas no los mejores. Lo interesante de esto es empezar a analizar el porqué del fracaso, en seguida aparecen dos variantes fuertes: en primer lugar que la frase no se lleva con el espiritismo, por otro lado que la hipocresía reinó y la frase quedó solo en eso, una frase.

Probablemente haya un poco de cada variante pero, a conciencia de este comunicador, lo segundo tomó mayor protagonismo. Lo grave de ésto, más allá del resultado electoral, es nuestra contribución en la construcción del sentido común de la miseria, del egoísmo, del sálvese quien pueda. En el gigante sudamericano, entre otros factores, ese mismo sentido común permitió primero la prisión de Lula, y luego, su constante humillación a la que es sometido.

Brasil no es Argentina, nuestras comunidades son muy diferentes y la movilización de nuestro país han posicionado la balanza, más allá de algunos hechos, a favor de las libertades y la democracia. Pero lo que sucede en el vecino país carioca, no puede ser más que un aviso de alerta que debemos saber leer.

El 2019 nos plantea a cada vecino y vecina del campo democrático, más allá de los candidatos, un doble desafío, el de la construcción colectiva y organizada y el de la deconstrucción constante de nuestro pensar y accionar, para que a la hora de salir a persuadir a nuestros iguales, sea el amor nuestra bandera no solo en la boca sino en cada uno de nuestros actos. Tenemos que creer en el amor, pero no hay amor posible si no se está dispuesto a perdonar  a quienes fueron arrastrados por un discurso de odio.

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