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NEGOCIADOS CONTRA LA SALUD

Buscan determinar si son afectados por el asbesto, producto que es cancerígeno, presente en los vagones de las formaciones usadas que el gobierno porteño de entonces Mauricio Macri comprara al Metro de Madrid, donde se registraron casos de cáncer entre trabajadores. Los primeros resultados estarán en los próximos días.

Los trabajadores de la línea B de subterráneos se están sometiendo a estudios médicos para saber si fueron afectados por el amianto que hay en las formaciones. Los análisis llegaron después de que en diciembre pasado Subterráneos de Buenos Aires (Sbase) reconociera lo que los trabajadores del subte ya sabían, porque lo habían denunciado un año antes: en las formaciones del ramal que une las estaciones Leandro N. Alem y Juan Manuel de Rosas hay asbesto (aunque los estudios de las piezas que enviaron a analizar los metrodelegados a la Universidad Nacional del Sur (UNS) muestran que también hay en otros ramales). El material altamente contaminante actúa como un asesino silencioso: la inhalación de sus fibras puede producir desde asbestosis, una enfermedad crónica y sin cura de las vías respiratorias, hasta cáncer de pulmón. En los próximos días estarán los primeros resultados.

«Metro de Madrid se frota las manos con los 4,2 millones de euros que ha sacado por la venta de unos vagones carne de chatarrería tras 32 años de traqueteo», publicó el diario español El País el 26 de septiembre de 2011, en una nota titulada: «Próxima parada: Callao… en Buenos Aires». Además, se daba testimonio de cómo el ahora presidente Mauricio Macri, los había inspeccionado «como si fuera un entendido en la materia».

“Esta semana nuestros médicos se deberían encontrar con los médicos de Metrovías y la ART para evaluar los estudios de los 100 compañeros de los talleres de Rancagua y Villa Urquiza que se sometieron a análisis en el Hospital Británico”, explicó el secretario de Salud Laboral y Condiciones en el Medio Ambiente de Trabajo de la Asociación Gremial de Trabajadores del Subterráneo y Premetro (Agtsyp), Francisco Ledesma.

Los estudios, tomografía de tórax, radiografía y espirometría, fueron realizados porque la policía de trabajo intimó a la empresa a efectuarlos. Pero, en paralelo, el gremio, en un acuerdo con el Hospital Tornú y el Instituto (de Tisioneumonología) Vaccarezza que funciona en el Hospital Muñiz y depende de la Universidad de Buenos Aires, también realizó análisis y estudios médicos a cincuenta trabajadores del subte cuyos resultados serán evaluados en estos días. Luego de que los profesionales le hagan una primera devolución a los trabajadores analizados, le informarán al gremio si hubo casos positivos por asbestosis.

“Entre esos cincuenta compañeros hay cuarenta que tienen entre quince y veinticinco años de antigüedad, por lo que los especialistas nos aconsejaron hacer un primer corte. Porque en esa franja de antigüedad es donde más se puede encontrar un indicio temprano de asbestosis, ya que es una enfermedad que tiene un desarrollo muy lento, de entre 20 y 40 años luego de la exposición”, explicó Ledesma.

El material contaminante se detectó en los vagones CAF 5000, que circulaban en la B, que había comprado Mauricio Macri cuando era jefe de gobierno porteño al Metro de Madrid, donde se registraron casos de cáncer entre trabajadores.

Sin embargo, el informe de las muestras que envió el sindicato a analizar a la UNS fue concluyente y más preocupante: no solo había en los CAF sino que hay rastros de asbesto en los coches  Mitsubishi de la B, los Gee-Caf de la línea E, los Nagoya y General Electric de la Línea C, en los Fiat de la E, en los Siemens de la H, en el techo del cuarto de descanso de conductores del Premetro, y en frenos de escaleras mecánicas, principalmente de la línea E y D.

“Queremos que los especialistas que designamos monitoreen los estudios porque no cualquier médico puede interpretar los resultados. Los análisis que se deben realizar requieren de técnicas especiales. No es lo mismo una radiografía común que una para buscar rastros de asbesto. Lo mismo pasa con la espirometría, que no es ni la de un deportista ni la de un fumador, y con la tomografía. Requieren de un protocolo específico”, detalló Ledesma.

Al mismo tiempo, el delegado explicó que los resultados de los estudios efectuados por la empresa, así como los análisis sobre las distintas piezas de las formaciones, de las cuales el 67 por ciento dieron positivo en amianto, deben “ser plasmadas en un acta”. “Hasta ahora cada vez que llegamos a una audiencia en el Ministerio de Trabajo tenemos que discutir todo de nuevo porque no labran actas”, remarcó el metrodelegado.

Y agregó que “tienen que convocarnos para informarnos cuáles son las piezas que tienen asbesto y cuál va a ser el proceso de trabajo para reemplazarlas. Nosotros queremos una flota nueva, pero eso va a llevar varios años, mientras tanto hay que tener un protocolo para desamiantizar”.

 

FUENTE: Página/12

FOTO: EnElSubte.com

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