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Transformando espacios públicos, por Gurí

Cuando el encuentro se da un día de lluvia pasan cosas distintas. En este caso el agua nos hizo “amucharnos” bajo un pedazo de techo mientras compartimos un té y un poco de agua. Vinieron después de una jornada intensa de laburo, con la ropa llena de claves que así lo confirmaban. Digo vinieron porque el Gurí llegó acompañado de Cristian, artista con quien está trabajando en su obra actual.

Ni bien nos instalamos nos abocamos a la tarea. Le dije que veía un Gurí con muchas más ganas de decir, de construir discurso, y no dudó un segundo en empezar a hablar. “Yo creo que es así… cuando va pasando el tiempo, en el camino, uno va aprendiendo, no?. Es como que los ojos se empiezan a abrir, la cabeza comienza a expandirse en cierto sentido. Y en cuanto a comunicar con el arte, a uno lo primero que le nace es expresarse por el simple hecho de la expresión, muchas veces sin sentido. Pero después de esa primera idea como eje de todo, surge el porqué lo haces, con qué sentido o hacia adonde apuntas”.

Las palabras se hacían más densas, más espesas. Había mucho por decir detrás de los aerosoles y no dudé un segundo en seguir hurgando en esas cuestiones. Casi siempre estos procesos se dan en esos términos, en términos de procesos. Pero a veces hay hechos que marcan o hacen tangible la transformación. “Es  muy loco, pero cuando vos arrancas a pintar, hay un desafío con uno mismo, salir de “la cajita”. Pasar de dibujar para vos a dibujar para que otros también lo vean. En ese momento dejas de ser el único espectador y empieza a haber un sin fin de espectadores que juegan e interactúan con la obra, cuando la estás pintando y cuando la terminas siguen jugando cada día. Entonces ahí te das cuenta que el arte es una herramienta de comunicación muy fuerte, una manera de transmitir ideas y emociones. Y más estando en la calle, en el día a día de la gente. Quien de paso y casi sin querer vio tu obra, la interpreto, ese o esa ya está recibiendo una data, un mensaje”.

La lluvia se fue haciendo llovizna y nos permitió abrirnos paso en el patio. El espacio dio lugar a los brazos y las palabras se llenaron de gestualidad. “No es algo que haya sucedido desde mis primeras paredes. Al principio pintaba caras o dibujos que se me venían, como algo “que quede lindo”. Y después de un par de años uno se da cuenta… “mirá a traves de lo que pintamos, estamos dejando algo en el otro”… entonces porqué no utilizarlo a favor y comunicar algo que a uno le parece bueno para la sociedad o para esa persona que lo está mirando. Al darse cuenta que uno está diciendo es inevitable preguntarse sobre qué es lo que quiero decir. A mi me parece que está bueno dejar un mensaje de lucha, de conciencia, algo positivo. O algo que empuje, que deje algo bueno. Una calle es libre de expresarse, hay todo tipo de expresiones, a veces sólo falta detenerse para observarlas”.

La idea de construcción de discurso a través del arte inundaba cada vez más el espacio y fue casi inevitable llegar a hablar de sus viajes. “Salir de gualeguaychú fue un hecho sustancial en todo este camino. Viajando me enfrenté a diferentes contextos y tuve la posibilidad de cruzarme con personas sumamente creativas. Eso me hizo pensar, ver otro panorama, conocer, agarrar un libro, vivir la vida. Es por eso que viajar me transformo, en el viaje vas mutando, como un árbol que cada vez tiene más ramas, va creciendo”.

Uno que observa Gualeguaychù todos los dìas desde hace algunos años seguramente tiene una mirada muy sesgada de lo que sucede y de lo que no. ¿Cómo ves el desarrollo del arte en Gualeguaychú? “A mi me gusta Gualeguaychú, por eso cada año vuelvo. Yo creo que se está moviendo, antes había pocos espacios y personas. Aunque gente hubo siempre, pero no se mostraba tanto. Creo que la juventud está saliendo más a copar. Eso está bueno y hay que impulsarlo. Por eso siempre que vengo caigo a meterle con toda”.

Sala pediátrica, Hospital Centenario Gchú
De la construcción de discurso a los lugares que elige pintar

“En el último tiempo la cosa ha cambiado. Antes pintaba lugares de la calle abandonados o un paredón que alguién me daba o algo así. Ahora me di cuenta que lo que está realmente bueno del arte es que empiece a ganar los espacios públicos o las instituciones que de alguna manera desde hace años tienen una estructura poco contemporánea en cuanto a cómo se practican las cosas, la salud, la educación. Estructuras centenarias que de alguna manera hoy se están deconstruyendo. Yo creo que a través del arte esos espacios ganan otra fuerza. En el hospital por ejemplo, la plaza que le dan uso niños internados. Ellos salen de la sala y tenían una plaza que estaba toda venida abajo, gris, llena de moho. Y de repente eso está lleno de color y de dibujo, entonces genera otra emoción. Aparte la salud no pasa solo por lo que te pasa en el cuerpo, pasa por la emoción. Entonces meterle a esas estructuras antiguas, como la medicina que habla sólo del cuerpo, poco toca de emociones, creo que es una parte muy transformadora de la expresión artística”.

“Lo mismo que estamos haciendo con la iglesia, eso nunca se pintó. Y por ahí mostrar otra cara, ver algo nuevo, la nueva generación. Pintar la pacha mama en un lugar religioso que tiene cierta connotación, también es una conquista. Por eso un eje esencial es la conquista de los espacios públicos a través del arte. La cárcel, el asilo, la escuela, la iglesia”.

Hablar del hospital y de la iglesia en una ciudad como Gualeguaychú, que carga con una base fuertemente conservadora, nos puso serios. “Todos debemos ser parte de los espacios que tenemos que compartir. Estoy convencido de que los más jóvenes o por decirlo de otra manera, los que hace poco empezamos a caminar, debemos tomar partido en los lugares, no tenemos que solo observar la cosa impuesta, hay que transformarla. La pintura (haciendo referencia a la obra del Hospital) la hicimos nosotros, pero es de todos. Yo no construyo arte para decir que es mía, sino construyo para que sea de todos, que cada persona que ve una pintura en proceso o terminada la haga propia, la incorpore en su escenario cotidiano. Y también para que sea una cadena. Esa pintura choca a otro y va generando más. Por eso para mi estar pintando esos lugares es un re-logro por el tiempo que me ha llevado poder hacerlo y más aún en los tiempos de hoy, donde cada vez hay más policía y menos arte. En estos momentos hay que resistir más, hay que estar en la calle”.

Cristian se mantuvo callado durante casi toda la entrevista, pero se ve que algunas palabras del Guri lo obligaron a mover los labios. “La cultura es un ida y vuelta con lo impuesto y lo que uno hace con lo que está impuesto. Es por eso que el arte es un hecho revolucionario, pero ojo, no siempre es así. Hay artistas que no se asumen contemporáneos, no se ven transformados por su entorno y tampoco ven lo que transforman”. Irrumpe nuevamente Gurí diciendo “Me parece que el mundo se ha volcado tanto hacia el capitalismo que hay artistas a los que el compromiso social no les toca. Les toca ser una máquina que produce y genera una sensación en un determinado mercado, para obtener un medio de vida y simplemente eso, vivir”. “Claaaaro (dice Cristian), muchas veces el arte pasa como entretenimiento o decorativismo”. Personalmente creo que como en todas las ramas hay personas que fundamentalmente no le interesa “el otro” y desde ese lugar construyen. Lo realmente transformador es que lo que uno haga tenga al menos una particularidad, tenga lo propio, lo que nos subjetiviza, lo que nos hace a todos y todas distintos.

De repente se nos infiltró en la conversación la palabra empatía. El Guri la agarro al vuelo y dijo… “Si vos entendes que lo que haces modifica la cosa, estás reconociendo que hay otro.

Pasa que a veces el camino que uno elige en la calle, el camino más social, o lo que hacemos nosotros que estamos ganando espacios, sin siquiera recibir lo necesario o lo justo, ese es el camino más difícil, otra forma es hacer el camino más comercial, ese es más fácil. Un camino que suma plata pero no suma consciencia”.

Se ve que hablar de dinero nos deja sin palabras, porque en ese momento fue que dimos por terminada la nota. Un abrazo pecho a pecho y con los dedos a presión dio el cierre y seguramente que será hasta la vuelta.

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