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Alerta: se desploma el sistema de salud

No es tarde para advertir del gran golpe al sistema de salud argentino que conlleva el Presupuesto 2019. Es que este Derecho, individual y colectivo, no ha dejado de ser objeto de ataque desde que Cambiemos asumió al frente del Ejecutivo Nacional en diciembre de 2015.

Solo tomando hechos del año que pasó. Desde la quita de más de 150.000 pensiones no contributivas a personas con discapacidad, el intento de “ahorrar” 2 millones de U$D con la cancelación de la dosis de la vacuna contra la meningitis para niños de 11 años el pasado 20 de agosto, sumado a la subejecución del presupuesto 2018 se puede afirmar el sesgo de la alianza gobernante para con el sector. Sin embargo, el ataque más fuerte, y simbólico, se dió en estos últimos meses con dos hechos aberrantes, la eliminación del Ministerio de Salud y el Presupuesto 2019 destinado para el área.

El decreto 801/2018 del Ejecutivo Nacional del 9 de septiembre y bajo el argumento de “efectuar un reordenamiento estratégico que permita concretar las metas políticas diagramadas en materia de reducción presupuestaria”, oficializaba la desjerarquización del Ministerio de Salud de la Nación. A confesión de parte relevo de prueba, el reordenamiento estratégico no tiene como prioridad los derechos de los ciudadanos.

Sólo los dictadores Pedro Eugenio Aramburu y Juan Carlos Onganía se atrevieron a eliminar dicha cartera, ahora se le suma a la poco célebre lista Mauricio Macri. La gravedad del asunto no puede pasar desapercibida, el Ministerio de Salud de la Nación es quien desde su rol rector coordinaba las distintas estrategias regionales de promoción y prevención con una mirada integradora para el sistema nacional de Salud, la desjerarquización no hace más que limitar, sino eliminar, esta posibilidad y deja en manos de las posibilidades financieras de cada provincia y de articulación entre ellas el sistema sanitario nacional.

Presupuesto 2019

La fundación Soberanía Sanitaria realizó un informe sobre el recorte para el sistema de Salud que significó la aprobación del Presupuesto 2019. La reducción real es del 8%. Esto es tomando la diferencia nominal sumado a la inflación anual proyectada por el propio presupuesto.

El informe asegura que “estamos ante un ajuste que nuevamente vulnera el derecho a la salud de la población en su conjunto.” El análisis de dicho texto deja en evidencia que no se tiene un plan sanitario nacional y que se apuesta a que las normas del mercado -de los laboratorios y farmacéuticas- definan la posibilidad de gozar o no de un derecho humano fundamental como lo es la Salud.

Producción Pública de Medicamentos

La reducción para la producción pública de medicamentos por ejemplo es del 42,5% lo que muestra el abandono del desarrollo de tecnología y conocimiento nacional a la vez que posterga la posibilidad del Estado de operar sobre la especulación privada.

Aumentos de desigualdades

Existe una retirada de aportes y programas que el Estado Nacional llevaba adelante en diferentes puntos del territorio. Programas como el de “Médicos Comunitarios” que destinaban fondos a los sectores más problemáticos para la contratación de personal presentan un recorte del 66%, los botiquines (ex Programa Remediar) que el ex Ministerio de salud enviaba a los Centro de Atención Primaria de la Salud (CAPS) del país se reducen en 32.842 envíos. La entrega de anteojos pasa a tener una meta de cero. El programa “Atención Primaria en el Territorio”, reduce sus metas en cuanto a atención de pacientes de 267.000 en 2018 a 82.632 para el próximo año, es decir, una reducción del 69%. La lista es interminable pero el resultado es certero, la pérdida del rol equiparador nacional del ex Ministerio de Salud resultará en el aumento de las desigualdades entre distintas provincias y jurisdicciones.

Salud Sexual y Reproductiva

En otro capítulo de la contradicción a la que nos tiene acostumbrados este gobierno, esa que existe entre lo que se dice y lo que sucede, a pesar de haber empezado una campaña nacional para prevenir el embarazo adolescente el presupuesto 2019 ajusta fuertemente en el sector. Un caso testigo es la reducción en las metas de análisis PAP de 6.000 a tan solo 480 (-92%), en el marco del programa de Lucha contra el SIDA y enfermedades de transmisión sexual se reduce la distribución de preservativos en más de 16 millones -84.000.960 este año a 67.200.768 para el próximo año-. la distribución de tratamientos para VIH se reduce en un número no menor a mil, lo cual es sumamente alarmante dado que los tratamientos para este tipo de enfermedades no permiten interrupción, que un sujeto no reciba los medicamentos significa en un porcentaje alto un desenlace fatal.

En el área de salud sexual y reproductiva se observa una reducción del 14,7%, programas de Asistencia Nutricional a Recién Nacidos de Madres VIH+ disminuyen en 150 los niños asistidos, 20% menos recursos para estudios de cargas virales de VIH, y mil asistencias de medicamentos menos contra la tuberculosis.

Menor capacitación profesional

Hay reducciones de becas en todas los frentes. En lo que respecta a formación comunitaria se reduce 20%, en el Instituto Nacional de Parasitología “Dr. Mario Fatal Chaben” se pasa de 240 personas capacitadas en el 2018 a una meta de 60 personas capacitadas para el año próximo (-75%). El Instituto Nacional de Enfermedades Virales Humanas la reducción de recursos destinados a la capacitación es del 80% y solo se espera capacitar a 20 profesionales. El INCUCAI sufre una reducción del 61,5% en cuanto a la meta de capacitación técnica para profesionales pasando de 520 capacitaciones a tan solo 200 en el próximo año.

Síntesis

La reducción del presupuesto en salud que vendrá en el 2019 no es otra cosa que la consolidación de un ajuste brutal que comenzó a fines del 2015 y se profundizó en estos últimos meses con la llegada del FMI a nuestro país. Un dato no menor es que la reducción es mayor en algunas áreas que son centrales para un sistema sanitario con eje en la prevención y la promoción de la salud. Sin dudas la eliminación de la capacitación en salud comunitaria es un claro ejemplo del cambio de lógica en cuanto al perfil profesional que se espera. Cambiamos un sistema de salud por uno de atención de la enfermedad.

Del ajuste no se puede esperar más que la profundización de las desigualdades entre jurisdicciones al descentralizar en las provincias y municipios la compra de insumos y los sueldos de profesionales dado que esto presenta un perjuicio directo para los ciudadanos del territorio una mayor presión sobre los ya complicados subsectores públicos de salud que deberán afrontar con fondos propios los costos de aquellas prácticas que la nación dehe de cubrir.

Los hospitales que reciben fondos del estado nacional pierden alrededor de un 20%, el Banco de Sangre sufre una reducción de un 78% y al mismo INCUCAI le sumergen un 33% su presupuesto -177 trasplantes de órganos y tejidos menos se esperan realizar en el 2019-. En este sentido el informe remarca que “además del debilitamiento del primer nivel de atención, se ve el debilitamiento del sistema público en su conjunto”.

Fiel a su estilo, el gobierno no dudó en concentrar el ajuste en los que más lo necesitan, un claro ejemplo es la reducción que sufre la distribución de leche fortificada para niños y niñas menores de seis años que en el 2019 dejarán de recibir 1.130.200 kilos menos que en 2018. Además de reducir en un 97,6% el presupuesto asignado para sanidad escolar y bajar en un 41,1% el dinero destinado a la Detección Temprana y Atención en Enfermedades Poco Frecuentes. Las personas con discapacidad también son el blanco del bisturí cruel de Cambiemos, solo la asistencia a niños hipoacústicos tiene un recorte del 78% (470 audífonos menos entregados), en tanto se espera que las cirugías de cataratas pasen de 2500 en el 2018 a 200 para el 2019.

Sin dudas el próximo año será oscuro para el sistema de salud en nuestro país pero también nos abre una ventana, el 2019 será un año electoral. La salud es política, como cada aspecto que nos atraviesa como ciudadanos y sociedad en su conjunto. Debemos asumir la responsabilidad de entender que nuestro voto no define sólo un candidato o candidata sino también el sistema de salud con el que nos tocará convivir.

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